Pedro Bidegain Estadio, Club Atletico San Lorenzo de Almagro

San Lorenzo y una noche inolvidable en Chamartín

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Brian Celora

Creador de contenido apasionado por el fútbol y, especialmente, por River Plate. Destaca por su capacidad para contar historias que conectan con la emoción y la pasión de los hinchas.

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El 1947 quedó marcado a fuego en la historia del fútbol argentino y español, cuando San Lorenzo de Almagro protagonizó una de las gestas internacionales más resonantes de su trayectoria. En plena posguerra europea, el conjunto azulgrana emprendió una gira que buscaba mostrar el talento rioplatense en escenarios cargados de simbolismo. Aquellos viajes no solo eran deportivos, sino también culturales: eran para conocer otros mundos.

El partido disputado en el viejo estadio Chamartín, hoy conocido como Santiago Bernabéu, se transformó en una exhibición memorable del fútbol ofensivo de San Lorenzo. La contundente victoria por 6-1 sorprendió a propios y extraños, especialmente por tratarse de un combinado nacional europeo. Los goles de Armando Farro, René Pontoni, Ángel Zubieta y Silva sellaron una noche mágica para el equipo argentino, que sigue con este día en su recuerdo.

Una gira que trascendió fronteras

La gira europea de San Lorenzo en 1947 respondió a una invitación que buscaba estrechar lazos futbolísticos entre continentes. El club llegaba como uno de los grandes exponentes del fútbol argentino, con figuras reconocidas por su técnica y su inteligencia táctica. Cada partido era observado con atención por la prensa local, que destacaba el estilo elegante y ofensivo del equipo. Se presentaba como una prueba de máxima exigencia por motivos muy evidentes.

Para el conjunto azulgrana, jugar ante una selección nacional implicaba medirse con lo mejor que podía ofrecer el país anfitrión. España, que atravesaba un proceso de reorganización futbolística, veía en ese partido una oportunidad de prestigio. Sin embargo, San Lorenzo no se dejó intimidar por el entorno ni por el escenario imponente de Chamartín. Desde el inicio, impuso su ritmo y dejó en claro que había viajado para competir con seriedad: quería demostrar algo.

El público madrileño asistió con asombro a una demostración de fútbol que rompía esquemas tradicionales. Los toques cortos, la movilidad constante y la precisión en ataque marcaron diferencias notorias. San Lorenzo no solo ganó, sino que convenció con una propuesta que combinaba espectáculo y eficacia. Aquella actuación fue celebrada incluso por sectores de la prensa española, que reconocieron la superioridad visitante y mostraron mucho respeto a los argentinos.

La goleada ante España se convirtió así en el punto culminante de una gira que fortaleció el prestigio internacional del club. Cada triunfo previo había preparado el terreno para esa actuación consagratoria en Madrid. San Lorenzo regresó a la Argentina con el reconocimiento de rivales y aficionados europeos. Ese viaje confirmó que el fútbol azulgrana estaba a la altura de los mejores del mundo y que tenía lo que había que tener para competir con cualquier rival.

Los protagonistas de una goleada histórica

Armando Farro se erigió como la gran figura de la noche, anotando tres goles que desarmaron a la defensa española. Su capacidad para encontrar espacios y definir con precisión lo convirtió en una pesadilla constante. Cada intervención suya levantaba murmullos de admiración en las tribunas de Chamartín. La actuación de Farro simbolizó el poder ofensivo de aquel San Lorenzo inolvidable. Era el requerimiento mínimo para hacer daño a una defensa tan poderosa.

René Pontoni, otro de los nombres ilustres del plantel, aportó su talento y jerarquía con un gol y varias jugadas determinantes. Su visión de juego y su habilidad para asociarse elevaron el nivel colectivo del equipo. Pontoni no solo marcaba diferencias con el balón, sino también con su liderazgo dentro del campo. Su presencia fue clave para que el equipo mantuviera el control del partido y los tiempos ante un rival que, normalmente, es el que controla el balón.

Ángel Zubieta y Silva completaron la goleada con tantos que reflejaron la profundidad del plantel azulgrana. Ambos aprovecharon las oportunidades generadas por el juego colectivo y sellaron un resultado contundente. La diversidad de goleadores evidenció que San Lorenzo no dependía de una sola figura. Aquella noche, el equipo funcionó como una maquinaria perfectamente sincronizada, como si hubiera que dar el do de pecho en cada jugada ante los españoles.

La actuación colectiva del plantel fue tan determinante como las individualidades destacadas. Cada línea del equipo respondió con solvencia, desde la defensa hasta el ataque. El entendimiento entre los jugadores permitió que las figuras brillaran aún más. Ese equilibrio convirtió la goleada en una expresión fiel del potencial del grupo.

Chamartín, escenario de una hazaña

El viejo estadio Chamartín, antecedente del actual Santiago Bernabéu, fue testigo de uno de los partidos más recordados de su historia temprana. Con una arquitectura imponente para la época, representaba el corazón del fútbol madrileño. Jugar allí significaba ingresar al templo del Real Madrid, cargado de simbolismo y exigencia. San Lorenzo supo transformar ese desafío en una oportunidad para brillar lejos de desanimarse por que no hubiera nada en juego.

El campo de juego, rodeado por un público expectante, fue el escenario ideal para una exhibición futbolística inolvidable. A medida que avanzaban los minutos, el asombro se mezclaba con el respeto hacia el conjunto visitante. Cada gol argentino profundizaba la sensación de estar presenciando algo extraordinario. Chamartín se rindió ante la calidad y la audacia de San Lorenzo. Esto causó especial orgullo: se trata de uno de los estadios más exigentes.

Con el paso del tiempo, aquel estadio sería renombrado como Santiago Bernabéu y se convertiría en uno de los más emblemáticos del mundo. Sin embargo, la goleada de 1947 permanece como uno de sus capítulos más singulares. Para San Lorenzo, haber dejado su marca en ese escenario es motivo de orgullo eterno. La historia del fútbol recuerda esa noche como un cruce de caminos memorable. Ahora, para mayor honor, se acerca un duelo en la Finalissima.

Un legado que perdura en la memoria

La victoria por 6-1 frente a la Selección de España trascendió el resultado y se convirtió en un símbolo del fútbol argentino en el exterior. San Lorenzo demostró que los clubes sudamericanos podían competir y brillar en los escenarios más exigentes de Europa. Aquella actuación reforzó la identidad del club y su tradición de juego ofensivo. Con el paso de las décadas, el recuerdo sigue vivo en la memoria colectiva y se recuerda a 70 años de distancia.

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