Leonardo Ponzio hace ganar a River Plate

Leonardo Ponzio lleva a River Plate a la gloria en tres partidos

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Hector Nuñez

¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.

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Leonardo Ponzio necesitó apenas tres partidos para transformar el clima alrededor de River. El ex capitán asumió de manera interina después de la salida de Eduardo Coudet, sin experiencia previa como entrenador y con un equipo golpeado por los resultados. Tres semanas después, el Millonario suma tres victorias, nueve puntos sobre nueve y una ilusión difícil de imaginar cuando el ídolo aceptó sentarse por primera vez en el banco. El efecto Ponzio fue inmediato.

Los números explican parte de esa transformación. River venció 3-2 a Banfield, 3-1 a Independiente Rivadavia y 2-1 a Atlético Tucumán: ocho goles a favor, cuatro en contra y puntaje perfecto. Ponzio se convirtió así en el 11.º entrenador de la historia del club que ganó sus tres primeros partidos, una marca que ni siquiera Marcelo Gallardo consiguió al comenzar sus ciclos.

De ídolo a entrenador casi sin escalas

La particularidad está en el recorrido. Ponzio disputó 358 partidos oficiales durante sus dos etapas en River y levantó 17 títulos. Después de retirarse continuó vinculado a la estructura deportiva del club, pero nunca había dirigido un equipo. Llegó al banco de Primera sin experiencia previa como DT, con el peso de su historia como futbolista como principal carta de presentación.

La herencia de Coudet

También conviene poner en contexto la herencia de Coudet. El Chacho había comenzado su ciclo con cuatro victorias consecutivas, incluso una más de las que acumula ahora Ponzio. El derrumbe llegó después: ganó apenas uno de sus últimos nueve partidos y dejó al equipo con cuatro puntos en seis fechas del Clausura. River estaba anteúltimo en su zona y atravesaba una de sus mayores crisis deportivas de los últimos años.

A esa mala dinámica se sumaba la dificultad para encontrar una formación estable. Coudet modificó constantemente el equipo durante su etapa. Ponzio eligió el camino contrario: simplificar, definir roles y respaldar una base desde el primer día. La poca rotación se convirtió en una de las primeras señas de identidad de su River.

Un River que empezó a salir de memoria

El once lo demuestra. Santiago Beltrán; Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Nicolás Otamendi, Marcos Acuña; Fausto Vera, Tobías Andrada, Tomás Galván; Thiago Almada, Ángel Correa y Sebastián Driussi fueron titulares ante Banfield, Independiente Rivadavia y Atlético Tucumán. River repitió la misma formación durante tres partidos consecutivos por primera vez en 38 meses. La última vez había sido con Martín Demichelis en 2023.

La continuidad también vino acompañada de cambios tácticos. Ponzio dejó a Fausto Vera como volante central, ubicó a Andrada y Galván como internos y liberó a Almada unos metros más adelante. Correa y Driussi completaron una estructura ofensiva con muchos futbolistas técnicos cerca entre sí. El nuevo entrenador redujo las dudas y consiguió que cada pieza tuviera una función mucho más reconocible.

No se trata solamente de nombres. River busca juntarse por dentro, adelantar líneas y aprovechar la profundidad de Montiel y Acuña. El primer gol en Tucumán fue una buena síntesis: Montiel llegó hasta el fondo, tiró el centro atrás y Andrada apareció desde segunda línea para definir. Los ataques interiores y los centros atrás volvieron a convertirse en mecanismos habituales.

Más posesión útil y muchos más remates

Las estadísticas refuerzan esa sensación. En sus primeros tres encuentros con Ponzio, River promedió alrededor del 65% de posesión, 17,3 remates y 7,6 tiros al arco. Durante las seis fechas del Clausura dirigidas por Coudet registraba 63,5% de tenencia, 13,3 intentos y apenas 3,3 al arco. La posesión cambió muy poco; la capacidad para convertirla en peligro, muchísimo.

Ahí aparece una de las claves del nuevo ciclo. Ponzio no necesitó inventar posiciones ni realizar una revolución táctica. Acercó a los jugadores de mayor jerarquía, simplificó funciones y apostó por repetir movimientos. Más que construir algo completamente nuevo, ordenó piezas que ya estaban disponibles y les devolvió confianza.

¿Hay algo del primer Gallardo?

La comparación con Marcelo Gallardo era inevitable. Ponzio es un ídolo, conoce River desde adentro, llegó al banco con escasa trayectoria y provocó una respuesta inmediata. También aparecen similitudes futbolísticas: ataques interiores, laterales profundos, centros atrás y voluntad de jugar lejos del propio arco. Hay rasgos que recuerdan al River agresivo del Muñeco, pero hablar de un “nuevo Gallardo” después de tres partidos sería exagerado.

Leonardo Ponzio y sus tes victorias con River Plate 2026

Curiosamente, Ponzio consiguió algo que Gallardo no hizo al iniciar ninguno de sus ciclos: ganar sus tres primeros encuentros. Pero el equipo todavía tiene problemas evidentes. Recibió goles en todas sus presentaciones y el juego aéreo se convirtió en su principal debilidad: Banfield, Independiente Rivadavia y Atlético Tucumán consiguieron lastimarlo por esa vía. El nuevo River mejoró mucho, pero todavía está lejos de ser un equipo terminado.

Del pesimismo a una ilusión inesperada

La victoria en Tucumán agregó otro componente simbólico. River volvió a ganar en el José Fierro después de una larga sequía y confirmó que el cambio anímico también empieza a reflejarse en escenarios incómodos. Pero el verdadero desafío llegará cuando aparezcan derrotas, lesiones o suspensiones y Ponzio deba encontrar alternativas al once que hoy parece salir de memoria.

Tres partidos siguen siendo una muestra demasiado pequeña para saber si detrás del interino existe un entrenador para un proyecto largo. Lo que sí permiten afirmar es que Ponzio encontró respuestas donde había dudas: menos rotación, funciones claras, mayor profundidad ofensiva y confianza en una base. El ídolo que llegó al banco casi sin trayectoria consiguió, en apenas unas semanas, que River volviera a parecer River.

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