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Lionel Messi con Argentina: de la espera eterna a la gloria absoluta

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Hector Nuñez

¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.

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Hay carreras que se cuentan con números. Otras, con imágenes. La de Lionel Messi con la Selección Argentina necesita las dos cosas. Están los 207 partidos, los 125 goles y las 68 asistencias con la Mayor. Pero también están las lágrimas, las finales perdidas, los regresos, el Maracaná, Wembley y Lusail. La historia de Messi con Argentina fue una persecución interminable de la gloria hasta que, finalmente, la gloria terminó rindiéndose ante él.

Durante más de dos décadas, la Pulga llevó sobre los hombros una camiseta que en Argentina nunca pesa poco. Pasó de ser el pibe prodigio que llegaba desde Barcelona al capitán que levantó la Copa del Mundo. Entre un extremo y otro hubo de todo: noches felices, derrotas dolorosas, críticas feroces y una obstinación que terminó definiendo su vínculo con la Selección. Messi no solamente se convirtió en el futbolista con más presencias y más goles de la historia argentina: construyó una de las historias de redención más grandes que recuerde el fútbol.

Ya campeonó con las inferiores

Antes de conquistar al país con la Mayor, ya había empezado a escribir su historia con la celeste y blanca. En 2005 fue campeón del Mundial Sub-20 en Países Bajos y convirtió los dos goles de la final ante Nigeria. Tres años más tarde volvió a festejar en los Juegos Olímpicos de Beijing. En aquella definición, otra vez contra Nigeria, dio el pase para que Ángel Di María marcara el gol que entregó a Argentina la medalla dorada. Parecía el comienzo de una era de éxitos. Pero el fútbol tenía preparado otro camino.

Con la Selección Mayor, los golpes llegaron uno detrás de otro. Argentina perdió la final de la Copa América 2007, quedó a un paso del título mundial en Brasil 2014 y volvió a caer ante Chile en las definiciones continentales de 2015 y 2016. Messi estuvo en el centro de cada ilusión y también de cada desencanto. Durante años cargó con una pregunta injusta pero inevitable: cuándo iba a poder ser campeón con la Mayor.

La Copa América que lo cambió todo

La derrota de 2016 llevó la historia hasta su momento más oscuro. Messi anunció su salida de la Selección después de otra final perdida. Parecía un cierre brutal para una relación marcada por la frustración. Pero volvió. Y ese regreso terminó siendo una de las decisiones más importantes de su carrera. Porque faltaban todavía las páginas que iban a cambiarlo todo. El 10 de julio de 2021, en el Maracaná, llegó la liberación.

Argentina derrotó 1-0 a Brasil y conquistó la Copa América. Después de 28 años sin títulos mayores, la Selección volvió a ser campeona. Messi cayó de rodillas sobre el césped y sus compañeros corrieron a abrazarlo. Aquella imagen tuvo algo de desahogo colectivo: no era solamente el primer gran título de Messi con la Mayor, era el final de una espera que parecía interminable.

A partir de allí, todo empezó a cambiar. El equipo de Lionel Scaloni encontró confianza, continuidad y una identidad que se volvió reconocible. En 2022, Argentina venció 3-0 a Italia en Wembley por la Finalissima y Messi volvió a ser protagonista con dos asistencias. La Selección había dejado de jugar perseguida por el pasado y empezaba a hacerlo convencida de que podía construir algo histórico. Entonces llegó Qatar.

El Mundial de Catar: su gran momento

El Mundial 2022 condensó toda la carrera de Messi con Argentina en menos de un mes. El debut ante Arabia Saudita fue un golpe inesperado. Después vinieron México, Polonia, Australia, Países Bajos, Croacia y Francia. Cada partido pareció una final y, en casi todos, el capitán dejó una marca.

Ante México apareció con un remate desde afuera del área cuando el partido estaba trabado. Frente a Australia volvió a convertir. Contra Países Bajos dibujó una asistencia imposible para Nahuel Molina. En semifinales, ante Croacia, arrastró a Joško Gvardiol hasta el fondo de la cancha y asistió a Julián Álvarez. Messi ya no estaba persiguiendo el Mundial: parecía decidido a arrastrar al equipo entero hasta él. La final contra Francia terminó de convertir aquella campaña en leyenda.

Messi abrió el marcador de penal y volvió a convertir en el alargue. Mbappé llevó el partido hasta una definición que parecía no terminar nunca. Emiliano Martínez sostuvo a Argentina y Gonzalo Montiel convirtió el penal decisivo. Entonces llegó la imagen que faltaba. Messi levantó la Copa del Mundo.

De Maradona a Messi

Treinta y seis años después de México 1986, Argentina volvió a ser campeona del mundo y su capitán alcanzó el trofeo que había perseguido durante toda su carrera. La escena de Lusail cerró un círculo que parecía imposible de completar. Los récords acompañaron esa consagración. Messi terminó su recorrido mundialista con seis ediciones disputadas, 34 partidos, 21 goles, 12 asistencias y 23 victorias.

Se convirtió en el jugador con más encuentros disputados en la historia de la Copa del Mundo y, en Qatar 2022, logró algo inédito: marcar en fase de grupos, octavos, cuartos, semifinal y final en una misma edición. Un broche de oro a su carrera con Argentina, culminada con el título de la Copa del Mundo que tanto persiguió Leo.

Otra Copa América

Pero la historia todavía guardaba otra vuelta olímpica. En 2024, Argentina volvió a conquistar la Copa América y confirmó que aquella generación no había perdido el hambre. Messi completó así un palmarés extraordinario con la camiseta nacional: Copa América 2021, Finalissima 2022, Mundial 2022 y Copa América 2024 con la Mayor, además del Mundial Sub-20 de 2005 y el oro olímpico de 2008.

Seis títulos. Seis momentos distintos de una misma historia. Los números también colocan su legado en otra dimensión. Con 207 partidos y 125 goles, Messi es el futbolista con más presencias y el máximo goleador histórico de la Selección Argentina. Eso sí, aún queda el último baile en este parón de selecciones. Bolivia fue el rival al que más veces le convirtió, con 11 tantos; Ecuador y Venezuela recibieron siete cada uno, mientras que Uruguay sufrió seis.

Pero hay algo que las estadísticas no pueden medir. No pueden medir lo que significó verlo caer y volver. No pueden medir las noches en las que pareció que nunca iba a llegar. No pueden explicar del todo lo que representó el abrazo en el Maracaná, la exhibición de Wembley o el momento en que levantó la Copa en Lusail. La grandeza de Messi con Argentina no nació solamente de ganar, sino de todo lo que tuvo que atravesar antes de poder hacerlo.

Por eso su historia con la Selección quedó mucho más allá de cualquier récord. Fue el pibe que llegó con una expectativa imposible, el jugador que soportó las derrotas más dolorosas y el capitán que terminó levantando todos los trofeos que alguna vez persiguió.

Los 207 partidos, los 125 goles y las 68 asistencias cuentan cuánto jugó y cuánto produjo. Pero la verdadera dimensión de Lionel Messi con Argentina está en otra parte: en haber convertido una larga historia de frustración, insistencia y esperanza en una de las epopeyas más grandes del fútbol argentino.

Messi todavía tiene mucho por jugar

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