River y la AFA: cómo se rompió una relación con Di Carlo
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
La relación entre River y la Asociación del Fútbol Argentino atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión. Lo que durante años fueron diferencias sobre la organización de los torneos, los mecanismos de decisión y el rumbo del fútbol local terminó convirtiéndose en un enfrentamiento cada vez más público. La conferencia de prensa que Stefano Di Carlo brindó en agosto de 2026 puso palabras a un malestar que ya había salido de los despachos y que también se trasladó al campo de juego, al VAR y hasta a las tribunas.
El presidente de River eligió una frase especialmente contundente para marcar la posición del club: “La dignidad de River no se negocia”. No fue una declaración aislada. Llegó después de meses de distanciamiento con la conducción de Claudio Chiqui Tapia y tras una sucesión de decisiones arbitrales que en Núñez consideraron perjudiciales. El mensaje fue claro: River admite sus propios problemas deportivos, pero entiende que existe otro frente que no está dispuesto a ignorar.
De las diferencias institucionales a una relación quebrada
Para entender la dimensión del conflicto hay que retroceder varios meses. El 5 de marzo de 2026, River anunció que dejaría de participar de las reuniones del Comité Ejecutivo de la AFA hasta que se modificaran sus mecanismos de funcionamiento. La institución sostuvo entonces que no existían las garantías procedimentales necesarias para asegurar procesos claros y previsibles en la toma de decisiones.
La postura profundizó una distancia que ya existía. River viene reclamando desde hace años cambios estructurales en el fútbol argentino y defiende, entre otras cuestiones, un campeonato profesional de 20 equipos. El comunicado de marzo fue más allá: pidió que los asuntos fueran incorporados al orden del día con suficiente anticipación y sometidos posteriormente a la votación correspondiente.
En el trasfondo también aparecían decisiones de AFA que habían generado controversia, entre ellas la concesión a Rosario Central del título correspondiente a la tabla anual de 2025 una vez finalizada la competencia y posteriores modificaciones relacionadas con la clasificación a las copas internacionales. Cada nueva resolución aumentaba la desconfianza de River.
Ya no se trataba únicamente de manifestar diferencias: River decidió tomar distancia institucionalmente del principal órgano de decisión de la AFA. Cinco meses después, Di Carlo llevaría ese enfrentamiento a un nivel todavía mayor.
Los arbitrajes y el VAR encendieron el conflicto
La cuestión institucional terminó mezclándose con el fútbol. Durante el inicio del Clausura 2026, River acumuló resultados negativos y también una serie de acciones arbitrales que generaron fuertes protestas. Di Carlo aseguró posteriormente que el Millonario había sido perjudicado en sus cinco partidos anteriores y cuestionó abiertamente el funcionamiento arbitral.
Entre las jugadas que más enojo provocaron aparece el encuentro contra Barracas Central del 25 de julio. River reclamó penal por una acción de Rafael Barrios sobre Lautaro Pereyra dentro del área. Nazareno Arasa dejó continuar y Pablo Echavarría, encargado del VAR, tampoco llamó al árbitro para revisar la acción. En Núñez, aquella decisión quedó incorporada a la lista de situaciones que alimentaban el malestar.
Frente a Tigre, River reclamó otro penal, esta vez sobre Ángel Correa. Andrés Gariano no sancionó la infracción y el VAR respaldó la decisión tomada en el campo. El propio árbitro explicó posteriormente que la jugada había sido chequeada y que desde la cabina coincidieron con su interpretación.
Así, el VAR pasó al centro de la discusión. El problema planteado desde Núñez ya no era solamente si una jugada concreta había sido bien o mal resuelta, sino el criterio utilizado y la falta de intervención tecnológica en acciones que River consideraba merecedoras de revisión.
“La dignidad de River no se negocia”
Con el equipo atravesando además una profunda crisis futbolística, Di Carlo decidió hablar. Su conferencia del 11 de agosto tuvo una particularidad: combinó una fuerte autocrítica interna con el cuestionamiento más duro de su gestión hacia la AFA. El dirigente reconoció errores propios y sostuvo que River debía solucionar primero su funcionamiento deportivo. Pero inmediatamente estableció una frontera entre la autocrítica y el silencio.
Di Carlo afirmó que River había sido perjudicado en los últimos cinco encuentros y habló de un “manoseo” general dentro del fútbol argentino. También sostuvo que la situación no afectaba exclusivamente al Millonario. “La tolerancia de River está agotada”, expresó antes de pronunciar la frase que terminó sintetizando todo el conflicto: “La dignidad de River no se negocia”.
El matiz resulta importante. El presidente no utilizó los arbitrajes para justificar completamente las derrotas. Reconoció el mérito de los rivales y recordó que, cuando River era futbolísticamente superior, conseguía imponerse.
También recuperó una expresión históricamente asociada a la conducción de River: mantener “la guardia alta” frente a la AFA. Para Di Carlo, el conflicto no había nacido ahora. Lo consideraba parte de una discusión mucho más prolongada sobre la relación entre River y la cúpula del fútbol argentino.
Cada vez más lejos
La conferencia terminó de colocar frente a frente a dos de los actores con mayor peso del fútbol local: River y Claudio Tapia. La relación entre Di Carlo y el presidente de la AFA había comenzado con cautela, pero en pocos meses pasó a un distanciamiento prácticamente total.
Desde ese momento, cada episodio quedó inevitablemente atravesado por esa tensión. En River existe una mirada crítica sobre la forma en la que se adoptan determinadas decisiones y sobre las estructuras del fútbol argentino. Del otro lado, la conducción de AFA evitó responder inmediatamente.
El enfrentamiento, además, tiene un antecedente histórico. Rodolfo D’Onofrio ya había mantenido fuertes diferencias con la conducción del fútbol argentino. Sin embargo, la discusión actual elevó considerablemente el tono.
Barracas Central y el pasacalles contra Di Carlo
Pocos días después de aquella conferencia apareció en las inmediaciones del estadio de Barracas Central, antes del partido contra Rosario Central, una bandera dirigida al presidente de River con una frase provocadora: “Di Carlo Chilindrina”.
El lugar hizo que el episodio adquiriera una repercusión todavía mayor. Barracas mantiene un vínculo histórico y familiar con Tapia. El actual presidente del club es Matías Tapia, uno de sus hijos, mientras que Claudio Tapia presidió anteriormente la institución. Además, el estadio ubicado en Olavarría y Luna lleva precisamente el nombre de Claudio Chiqui Tapia.
Ese mismo encuentro tuvo incluso un homenaje al presidente de la AFA por las obras realizadas en el estadio, con Matías Tapia entregándole un reconocimiento durante el entretiempo. El contexto multiplicó el impacto de la bandera contra Di Carlo. El episodio sí sirve para retratar hasta dónde había escalado la confrontación: la disputa institucional ya había generado provocaciones y respuestas alrededor de los partidos.
Una ruptura más allá del arbitraje
Reducir el enfrentamiento River-AFA a un penal no cobrado sería perder buena parte de la historia. El conflicto es mucho más amplio. Incluye diferencias sobre el modelo de competencia, cuestionamientos a los mecanismos del Comité Ejecutivo, decisiones reglamentarias discutidas, una relación deteriorada con Tapia y, finalmente, un fuerte malestar con los arbitrajes y el VAR.
La conferencia de Di Carlo convirtió todo ese recorrido en una posición pública. River no abandonó la autocrítica deportiva, pero tampoco quiso separar su crisis futbolística de una discusión institucional que considera anterior a los malos resultados. “La dignidad no se negocia” quedó así como algo más que una frase pronunciada en medio de una mala racha: se transformó en la síntesis de la postura que la dirigencia pretende sostener frente a la AFA.