Historia del US Open: de Newport a Flushing Meadows
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
El US Open es mucho más que el último Grand Slam de cada temporada. Es un torneo que combina historia, innovación y una identidad inconfundible: sesiones nocturnas, tribunas encendidas y algunos de los partidos más recordados del tenis. Desde su nacimiento en 1881 hasta convertirse en uno de los grandes acontecimientos deportivos de Nueva York, el campeonato evolucionó al mismo ritmo que el propio tenis.
Por sus canchas pasaron prácticamente todas las grandes figuras de este deporte. Jimmy Connors, John McEnroe, Chris Evert, Steffi Graf, Pete Sampras, Serena Williams, Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic son apenas algunos ejemplos. Para la Argentina, además, existe una conexión especial: Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini y Juan Martín del Potro consiguieron levantar el trofeo individual.
De Newport a Nueva York: los orígenes del US Open
La historia comenzó en 1881 bajo el nombre de US National Championships. Aquella primera edición estuvo muy lejos del gigantesco evento actual: participaron 26 hombres y se jugó sobre el césped del Newport Casino, en Rhode Island. El torneo permaneció allí durante 34 años antes de trasladarse a Nueva York, donde Forest Hills se convertiría en su casa durante buena parte del siglo XX.
El West Side Tennis Club fue el escenario de uno de los cambios más importantes de la historia del campeonato. En 1968 comenzó la Era Abierta, que permitió reunir a profesionales y amateurs en un mismo cuadro. Arthur Ashe conquistó el título masculino y Virginia Wade se quedó con el femenino en la primera edición disputada bajo el nombre de US Open.
También fue cambiando la superficie. Después de décadas sobre césped, entre 1975 y 1977 se jugó sobre Har-Tru, una arcilla verde. En 1978, el torneo se mudó a Flushing Meadows y adoptó la pista dura. El US Open es el único Grand Slam que se disputó sobre tres superficies diferentes, mientras que Jimmy Connors es el único tenista que logró ganar el título individual en las tres: césped en 1974, arcilla en 1976 y pista dura en 1978.
Un Grand Slam acostumbrado a innovar
Nueva York también utilizó su torneo para romper moldes. En 1973, el US Open se convirtió en el primer Grand Slam en entregar los mismos premios económicos a hombres y mujeres. Los campeones de aquella edición, John Newcombe y Margaret Court, recibieron 25.000 dólares cada uno. La medida estuvo estrechamente vinculada a la lucha impulsada por Billie Jean King por la igualdad dentro del tenis.
Dos años después volvió a marcar el camino al introducir partidos nocturnos por primera vez en un Grand Slam. Aquellas sesiones bajo las luces terminaron convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad del US Open. El ambiente de Nueva York transformó al torneo en un espectáculo diferente al de los otros tres grandes, con tribunas particularmente intensas y partidos capaces de extenderse hasta bien entrada la noche.
Desde 1997, el gran escenario de Flushing Meadows es el Arthur Ashe Stadium. El complejo, además, fue rebautizado en 2006 como USTA Billie Jean King National Tennis Center. Nueva York había construido alrededor de su Grand Slam una identidad propia que combina tradición, espectáculo e innovación.
Los grandes reyes y reinas de Nueva York
La lista de campeones permite recorrer prácticamente toda la historia moderna del tenis. En la Era Abierta, Jimmy Connors, Pete Sampras y Roger Federer alcanzaron cinco títulos masculinos, con el suizo consiguiendo sus cinco coronas de manera consecutiva entre 2004 y 2008. John McEnroe, Rafael Nadal y Novak Djokovic también escribieron capítulos fundamentales del torneo.
En el cuadro femenino, Chris Evert y Serena Williams marcaron una época con seis títulos cada una durante la Era Abierta, mientras que Steffi Graf conquistó cinco. Martina Navratilova, Billie Jean King, Monica Seles y Venus Williams son otros de los grandes nombres asociados al torneo. Triunfar en Nueva York se convirtió en una de las pruebas definitivas para las grandes figuras de cada generación.
Guillermo Vilas abrió el camino argentino
La relación argentina con el US Open tiene uno de sus capítulos fundamentales en 1977. Guillermo Vilas atravesaba una temporada extraordinaria y llegó a la final frente al estadounidense Jimmy Connors, campeón defensor y máximo preclasificado.
El contexto hacía todavía más especial aquella definición. Era el último US Open que se disputaría en Forest Hills y también la última edición sobre Har-Tru antes del traslado a Flushing Meadows. Vilas perdió el primer set, pero dio vuelta el partido y se impuso por 2-6, 6-3, 7-6 y 6-0. Se convirtió así en el primer argentino campeón del US Open.
El público invadió la cancha después del último punto y levantó al argentino en plena celebración. Vilas ya había conquistado Roland Garros aquella temporada y cerraría 1977 con 17 títulos. Su éxito en Estados Unidos abrió un camino que otras dos figuras del tenis nacional recorrerían años más tarde.
Gabriela Sabatini y su revancha ante Steffi Graf
Trece años después llegó la gran conquista argentina en el cuadro femenino. Gabriela Sabatini ya había disputado la final de 1988 frente a Steffi Graf. En 1990 volvió a encontrarse con la alemana en el partido por el título, pero esta vez la historia fue diferente.
Sabatini se impuso por 6-2 y 7-6 para conquistar el único título individual de Grand Slam de su carrera. Nueva York fue el escenario de la victoria más importante de una de las mejores tenistas argentinas de todos los tiempos. Su vínculo con el torneo fue mucho más allá de aquella final: sus grandes actuaciones y su enorme popularidad hicieron de Flushing Meadows uno de los escenarios más representativos de su trayectoria.
Del Potro derribó al rey de Nueva York
La tercera gran página argentina llegó en 2009. Roger Federer se presentó en la final después de haber ganado las cinco ediciones anteriores. Del otro lado de la red estaba Juan Martín del Potro, con apenas 20 años y ante la oportunidad más importante de su carrera.
La Torre de Tandil protagonizó una batalla inolvidable de cinco sets. Perdió el primero y el tercero, pero terminó imponiéndose por 3-6, 7-6, 4-6, 7-6 y 6-2. Del Potro terminó con la extraordinaria hegemonía de Federer y conquistó el primer y único Grand Slam de su carrera. Vilas, además, estuvo aquella noche en las tribunas presenciando el triunfo de su compatriota.
El Grand Slam de Nueva York
Más de un siglo después de aquella primera edición con 26 participantes, el US Open conserva un lugar privilegiado junto al Australian Open, Roland Garros y Wimbledon. Su historia refleja buena parte de la evolución del tenis profesional: cambió de sede y de superficie, abrió sus puertas a los profesionales, fue pionero en la igualdad de premios y convirtió las sesiones nocturnas en parte del espectáculo.
Para la Argentina, además, Nueva York siempre tendrá un significado especial. Vilas, Sabatini y Del Potro demostraron en tres épocas diferentes que uno de los escenarios más exigentes y emblemáticos del tenis mundial también podía teñirse de celeste y blanco.