Los pibes que se abren camino en Boca Juniors
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
Boca Juniors siempre tuvo una relación especial con los futbolistas surgidos de sus divisiones inferiores. En un club acostumbrado a convivir con figuras, grandes contrataciones y la exigencia permanente de ganar, la aparición de un juvenil suele generar una ilusión diferente. En 2026, esa sensación tiene tres nombres propios: Milton Delgado, Tomás Aranda y Leonel Flores. Tres pibes de la casa, tres recorridos diferentes y una misma oportunidad de hacerse lugar en la Primera del Xeneize.
No están en el mismo momento de sus carreras ni tienen características similares. Delgado ya superó la barrera de los primeros partidos y se convirtió en una pieza confiable del mediocampo. Aranda irrumpió durante este año hasta recibir nada menos que la camiseta número 10, aunque una grave lesión frenó su crecimiento en el tramo final de la temporada. Flores es la aparición más reciente, un atacante que pasó de destacarse en Reserva a marcar rápidamente sus primeros goles entre los mayores. Boca encontró respuestas abajo y los tres representan una camada que empieza a reclamar protagonismo.
Milton Delgado: de proyecto a realidad
De los tres, Milton Delgado es quien lleva más tiempo recorriendo el camino de la Primera. Nacido el 16 de junio de 2005 en Rafael Castillo, llegó a Boca cuando tenía apenas nueve años después de destacarse en el baby fútbol. Su debut oficial se produjo el 3 de abril de 2024, ante Nacional Potosí en Bolivia por la Copa Sudamericana. Desde entonces fue atravesando entrenadores, esquemas y diferentes competencias hasta consolidarse en el plantel profesional.
En sus primeras apariciones parecía destinado a ser principalmente un volante central de contención, encargado de recuperar y entregar rápido. Con el paso del tiempo amplió su repertorio. Delgado dejó de ser solamente un cinco para transformarse en un mediocampista capaz de equilibrar, recorrer metros, ofrecer líneas de pase, hacer relevos y participar con mayor frecuencia en la construcción ofensiva.
Su crecimiento también tuvo una vidriera internacional. Fue una de las figuras de la Selección Argentina que alcanzó la final del Mundial Sub-20 de Chile 2025 y terminó recibiendo el Balón de Bronce del torneo. Esa experiencia terminó de confirmar una proyección que Boca ya conocía desde hacía tiempo.
El regreso de Leandro Paredes a Boca también resultó importante para su evolución. Delgado encontró junto al campeón del mundo un socio y, al mismo tiempo, un referente. Paredes lo definió como un futbolista inteligente, intenso y capaz de entender los partidos, mientras que dentro del plantel empezó a conocérselo como Pulmoncito. El apodo explica buena parte de su juego: despliegue, ayudas constantes y capacidad para aparecer donde el equipo lo necesita.
Su importancia ya trasciende la etiqueta de juvenil. En agosto, cuando Paredes fue reemplazado ante Estudiantes, le entregó la cinta de capitán antes de abandonar la cancha. Una imagen cargada de simbolismo para un futbolista que llegó a Boca siendo un nene y que, con 21 años, ya se ganó la confianza de los referentes.
Tomás Aranda: el pibe que llegó a la 10
El recorrido de Tomás Aranda fue mucho más vertiginoso. Nacido el 9 de mayo de 2007 en Ciudadela, llegó a las inferiores de Boca en 2018 y debutó oficialmente en Primera el 28 de enero de 2026, frente a Estudiantes. Tenía apenas 18 años y todavía estaba dando sus primeros pasos.
Aranda fue mostrando rápidamente por qué en Boca existían tantas expectativas alrededor suyo. Es un volante ofensivo de baja estatura, técnico, atrevido con la pelota y con facilidad para encontrar espacios entre líneas. Puede asociarse en corto, conducir y aparecer cerca del área. Su fútbol tiene una cuota de desparpajo especialmente valorada en un equipo que muchas veces necesita encontrar soluciones ante defensas cerradas.
Uno de los primeros grandes avisos llegó ante Lanús, cuando tuvo una actuación sobresaliente como titular. Su capacidad para intervenir en ataque estuvo acompañada por un despliegue defensivo que ayudó a derribar la idea de que se trataba únicamente de un enganche talentoso. Poco después llegaron también sus primeros goles y un protagonismo cada vez mayor.
El crecimiento terminó acompañado por un gesto inevitablemente simbólico en Boca: Aranda recibió la camiseta número 10. Para un futbolista surgido de las inferiores, cargar con ese dorsal supone algo más que un cambio de número. La historia de la 10 azul y oro multiplica las miradas y las expectativas, todavía más cuando quien la lleva apenas está comenzando su carrera profesional con el dorsal del Diego o de Román.
Sin embargo, su gran año sufrió un duro freno a finales de agosto. Aranda se fracturó el peroné derecho durante un entrenamiento y tuvo que pasar por el quirófano. Los primeros plazos prácticamente descartan su regreso durante lo que queda de 2026. La lesión interrumpe su explosión, pero no borra todo lo construido durante una temporada en la que pasó de ser una promesa de inferiores a tener un lugar importante en Primera.
Leonel Flores: goles para presentarse en Primera
Leonel Flores representa el último capítulo de esta nueva camada. Nació el 6 de febrero de 2007 en Béccar y fue captado por Boca en 2014. Desde entonces atravesó prácticamente toda la estructura formativa del club. Fue campeón en Séptima, llegó muy joven a Reserva y terminó convirtiéndose en uno de los atacantes más destacados de las inferiores.
Sus números antes de llegar a Primera explican parte de la expectativa. Flores terminó dos torneos consecutivos de Reserva con ocho goles en cada uno, integró el equipo bicampeón durante 2025 y fue elegido como el jugador de mayor proyección del Clausura de esa categoría. El salto no apareció de casualidad: llevaba años señalado internamente como uno de los talentos a seguir.
Rodolfo Arruabarrena terminó abriéndole definitivamente la puerta de Primera. Y Flores necesitó muy poco para presentarse: en su debut oficial, ante Sarmiento por Copa Argentina, marcó el segundo gol del triunfo. Ese día hubo además una fotografía perfecta de esta historia: Delgado, Aranda y Flores fueron titulares juntos en un Boca que avanzó a los octavos de final.
Flores es diferente. Es delantero, tiene velocidad, desequilibrio y capacidad para atacar desde distintos sectores del frente ofensivo. Esa versatilidad le permitió encontrar oportunidades rápidamente y empezar a sumar minutos importantes durante el segundo semestre.
Una nueva camada pide pista
La aparición conjunta quedó todavía más clara recientemente ante Racing. Arruabarrena alineó desde el inicio a Delgado, Aranda y Flores y Boca terminó comenzando el segundo tiempo con seis jugadores formados en sus divisiones inferiores dentro de la cancha. En un plantel cargado de nombres experimentados, la cantera volvió a tener un peso significativo.
Eso no significa que los tres tengan asegurado el mismo recorrido. Delgado ya atraviesa una etapa de consolidación; Aranda deberá afrontar una recuperación larga después de haber protagonizado una de las irrupciones del año; y Flores todavía está acumulando sus primeras experiencias en la máxima categoría.
Pero existe algo que los une más allá de haber compartido cancha: los tres conocen Boca desde chicos. Crecieron entendiendo lo que representa jugar en el club y llegaron a Primera después de recorrer sus categorías formativas. Ahora empiezan a convivir con referentes como Paredes y con futbolistas de trayectoria internacional.
Boca siempre mira al mercado, pero algunas de sus respuestas pueden estar mucho más cerca. Delgado, Aranda y Flores son presente y futuro de un Xeneize que vuelve a encontrar en sus pibes una fuente de talento, identidad y, sobre todo, ilusión.